Hace tiempo que mi vida cambió, gracias a ti, Ana. Durante meses he descubierto la belleza, no solamente la que te brilla en esa carita dulce de ángel, capricho de la mano divina, ni la que rodea tu cuerpo entero, sublime, que ostenta la gracia más envidiable con la humildad de quien se dice normal aun siendo realmente una princesa. No es la belleza que se ve, sino otra bien distinta. Tu interior es...